Pelean dos grupos control de Pemex y Calderón se adelantaría con
Ruiz Mateos
Fuente:
CNEE-sur.net
(30/06/09)
• Tiempo de Negocios
Darío Celis
La pelea por el control de Pemex está al rojo vivo y subirá de
intensidad todavía más en las próximas semanas, incluida ésta,
previa a las elecciones del 5 de julio. Todo mundo quiere meterle la
mano a la empresa más rentable del país.
La salida de Jesús Reyes Heroles se va a dar en cosa de días. Y los
dos grupos que a partir del año 2000 tomaron el control de la
paraestatal y forjaron una nueva clase empresarial están
preocupados.
En un lado está el de Francisco Gil Díaz y en otro el de Santiago
Creel. Pero en medio apareció un tercero, el de Felipe Calderón, que
tiene la mirada puesta en las próximas elecciones presidenciales y
no quiere ser rehén de nadie.
Con el arribo del panista Vicente Fox a la Presidencia, se empezó a
desmantelar la vieja clase empresarial que por décadas gobiernos
priistas y un sindicato afín les permitieron succionar los mejores
negocios de Pemex.
Ramiro Garza, Félix Cantú, Alfredo y Javier Miguel, Carlos Hank
González, Isidoro Rodríguez, Leonardo Sánchez Ávalos, Salvador
Martínez Garza, Humberto Lobo, fueron algunos que amasaron inmensas
fortunas.
Sin embargo, la fiesta terminó en los albores de la última década
del milenio. Con un Fox apático otros actores empezaron a cobrar
fuerza. Fueron los casos de los entonces secretarios de Hacienda y
Gobernación.
El ITAM los une
Gil Díaz y Creel ya se conocían. El primero le encomendó al segundo
el blindaje legal de ISOSA. Uno era subsecretario de Ingresos y el
otro abogado de Noriega y Escobedo. Era el ocaso del gobierno de
Carlos Salinas.
Tras su paso como socio del bufete, Creel se fue como director
interino del Departamento de Derecho del ITAM, el alma mater de Gil
Díaz, desde donde crearon el fideicomiso que creció a partir de la
operación de Aduanas.
De vuelta a las grandes ligas del gobierno, empezaron a construir
una nueva red de contratistas, lo mismo en la proveeduría de
plataformas, que en la perforación de pozos, el transporte de
hidrocarburos o la consultoría de sistemas.
Para nadie es un secreto que, durante la administración foxista, Gil
Díaz controló la operación de Pemex, lo que también benefició a
Creel. El primero vía Juan José Suárez Coppel y el segundo a través
de Luis Ramírez Corzo.
Suárez Coppel siempre fue el alumno más avezado de Gil Díaz, quien
lo puso en Pemex como director corporativo de Finanzas. Ramírez
Corzo era el director de Pemex Exploración y Producción (PEP), la
unidad más rentable.
Bueno estorba
Pero en ese proceso de reajuste, que incluso alcanzó a los priistas,
puesto que el sindicato petrolero de Carlos Romero Deschamps también
se pintó de azul, otros grupos de poder también entraron a disputar
el gran de botín de Pemex.
Fueron los casos de Juan Bueno, Marta Sahagún y la familia de Juan
Camilo Mouriño. Todos echando por delante su aparente raíz panista
empezaron a disputar negocios con los emisarios de Gil Díaz y Creel.
De los más representativos y significativos apunte a Alfredo José
Coppel Salcido y a José Carral Escalante, presidentes de Global
Drilling y de Turbinas Solar, respectivamente Juan Bueno Torio fue
director de Pemex Refinación de 2003 a 2006 y se convirtió en un
obstáculo para los planes de Gil Díaz.
Otro escollo que el ex secretario de Hacienda empezó a tener
significó el propio Creel.
Hacia la segunda mitad del gobierno de Fox, Bueno Torio empezó a
vetar decisiones que implicaban abrir negocios en el rubro de
transporte de petrolíferos, que él como responsable de esa unidad,
tenía a su alcance.
El ahora senador por Veracruz proviene de una familia que posee
negocios precisamente en el giro del autotransporte terrestre, con
muchos nexos con Pemex, del que es uno de sus principales
proveedores de pipas.
Mouriño al quite
A su vez, el distanciamiento entre Gil y Creel se observa por esa
misma época, cuando el ahora también senador se transformó en el
candidato de Fox a la presidencia en las elecciones de 2006.
Los tiempos hacen coincidir a un jugador más: la familia Mouriño y
al propio Felipe Calderón. El jefe del Ejecutivo fue secretario de
Energía de 2003 a 2004, puesto en el que fungió como presidente del
consejo de administración de Pemex.
A finales de los noventa, Grupo Energético del Sureste ya era uno de
los franquiciatarios de Pemex más fuertes. Empero, desde el año 2000
Juan Camilio Mouriño dio un impulso inusitado no sólo a las
gasolinerías de la familia.
Como diputado federal, y desde que se convirtió en asesor de
Calderón en Energía en 2003, Mouriño se transformó en otro rival de
cuidado para Gil Díaz en el mismo rubro de transportación, el que
había vetado Bueno.
Gil Díaz trató de forzar la apertura a la inversión extranjera de
las estaciones de servicio con base en chantajes a los gasolineros.
A éstos les montó una campaña de desprestigio y los obligó a
eliminar el uso de efectivo.
Curiosamente, la estrategia puesta ya en marcha por los intereses de
Gil Díaz para abrir el negocio a las grandes multinacionales como
Shell, Exxon y British Petroleum, fue detenida por el mismo Mouriño,
con apoyo de Creel.
¿Global Drilling?
Por lo que hace a la incursión de la familia Sahagún, se da en el
contexto del empuje que obtiene la empresa Oceanografía, gracias al
ex director de Pemex Raúl Muñoz Leos, donde la figura central es
Manuel Bibriesca.
El relevo de Muñoz por Ramírez Corzo en 2004 se da con la venia de
Gil. Ramírez respondía a intereses de Creel y Carral, a quienes
benefició con negocios en PEP, pero Gil lo apoyó porque le abrió la
puerta a Alfredo José Coppel.
Este hombre tomó en 2003 el control de Global Drilling, firma
quebrada y demandada por Pemex, pero que vertiginosamente empezó a
ganar contratos, justo cuando su primo, Suárez Coppel, era el
encargado de las finanzas.
En las últimas semanas los grupos de poder han estado cabildeando
para influir en la designación del sustituto de Reyes Heroles, quien
llegó recomendado por huestes de Ernesto Zedillo, para bloquear a
Gil Díaz.
La mano de Gil
Y es que éste había logrado que nombraran a Georgina Kessel
secretaria de Energía y a Mario Gabriel Budebo, quien fue su
coordinador de asesores en el sexenio pasado, como subsecretario de
Hidrocarburos.
De nueva cuenta, Gil empuja a un alfil suyo, que es el susodicho
Suárez Coppel, mientras que Creel y Carral impulsan a Carlos Morales
Gil, el titular de PEP. En el juego y rejuego se barajan otros
nombres.
Está el mismo Juan Bueno, que no tiene posibilidades, e incluso
Francisco Salazar, presidente de la CRE, que también habría que
descartar. De igual forma Alfredo Elías Ayub, director de la CFE,
que algunos dan por bueno. No obstante, se asegura que la semana
pasada salió humo blanco de Los Pinos y que Calderón optó por no
cometer el mismo error de apatía que su antecesor y decidió dar un
manotazo a los grupos que se pelean el control.
No se vaya a reír, pero se afirma que el ungido para dirigir Pemex
es ni más ni menos que Gerardo Ruiz Mateos, el inexperto secretario
de Economía. Si es así, pobres instituciones y pobre país.