Más dinero para privilegios
Fuente:
CNEE-sur.net
(25/09/09)
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Que no hay de otra. “No hay plan B”,
insistió ayer el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, sobre el
aumento de impuestos. Si no se aprueba el paquete fiscal del
gobierno federal, se advierte, no habrá dinero para que los niños
pobres puedan comer. Así de terrible.
Hoy nos enteramos, sin embargo, de que el apoyo alimentario del
programa Oportunidades —11 mil 467 millones de pesos—, buque
insignia de la política social gubernamental, es apenas la mitad de
lo que Pemex se gastó en pagarle mes con mes su salario a 12 mil
trabajadores sindicalizados que cobran sin trabajar desde 2005.
Por este tipo de injusticias estamos tan decepcionados de nuestra
supuesta democracia. Un puñado de intocables recibe los beneficios
que millones de personas nunca verán en su vida.
En tiempos del viejo régimen existía la misma situación, pero al
menos nadie se atrevía a defender el sistema; en cambio, ahora
tenemos que soportar todos los días el discurso de la democracia
perfecta (para colmo publicitado con cargo a nuestros impuestos).
Las autoridades de Pemex no se han atrevido a tocar ni con el pétalo
de una rosa los intereses del sindicato petrolero, dueños para
efectos prácticos del petróleo nacional. ¿Cómo no sentir enojo si,
de aprobarse el 2% de impuesto al consumo propuesto por el gobierno
federal, se recaudarían alrededor de 40 mil millones de pesos,
apenas el doble de lo que ganaron los trabajadores ociosos de Pemex
los últimos cuatro años? ¿Porqué ellos sí y los demás no? ¿A qué se
debe que unos puedan mantener sus beneficios mientras el resto nos
sacrificamos?
La respuesta la ofreció recientemente nuestro colaborador, Alberto
Aziz Nassif, en su último libro, México, una democracia vulnerada. O
quizá debería decir de otra manera: México, una oligarquía muy
robusta.