Doble moral, doble discurso
Fuente:
CNEE-sur.net
(29/09/09)
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Capitolio
Gerardo Hernández
2009-09-29•Al Frente
Rosendo Villarreal fue, desde la oposición, mordaz e implacable.
En 1991, una horda presuntamente organizada por él agredió a Eliseo
Mendoza frente al teatro Isauro Martínez, donde el gobernador
rendiría su informe.
Dieciocho años después se discute la gestión del panista como
director Corporativa de Pemex, cargo del que fue separado el 4 de
septiembre en medio de un escándalo por el robo de combustible.
Sobre el caso, el periodista Miguel Badillo publicó en su columna
“Oficio de papel”, el 21 de julio de 2008:
“Qué tan rentable debe ser el negocio de la comercialización de
gasolina que Rosendo Villarreal Dávila, director corporativo de
Administración de Pemex, también enfrenta un conflicto de interés
similar, con la única diferencia, mas no atenuante, (de) que
Villarreal Dávila no participa en las reuniones del Consejo de
Administración de Pemex.
Sin embargo, aunque el gobierno federal se las arregla para evitar
sancionar a sus servidores públicos que se enriquecen con contratos
gubernamentales, moralmente han sido juzgados por la sociedad que
los ha encontrado culpables”.
Por ello siempre se ha considerado a Pemex como “la caja chica” de
los gobiernos de turno. Otra parte de sus ingresos se derrama en los
estados y municipios, por lo regular para solventar sueldos y gastos
de administración. De ahí la resistencia para asociar a la
paraestatal con capitales privados de México y el extranjero.
Sin embargo, a la hora de malbaratar industrias y servicios que en
otro tiempo también fueron “estratégicos” —Altos Hornos, Telmex,
Fertimex, Canal 13, Ferrocarriles y bancos—, muchos de los que
ahora, desde el Congreso y fuera de él, se oponen a la apertura de
Pemex, prefirieron mirar hacia otro lado. Salinas reinaba y
gobernaba.
Justamente sobre el poder, sus perversiones y prevaricaciones,
Vargas Llosa —capaz de sacar de sus casillas al dictador o déspota
más ampuloso y pendenciero, como lo demostró en mayo en las barbas
del venezolano Hugo Chávez—, dice en “El pez en el agua”:
“El poder me inspiró desconfianza, incluso en mi juventud
revolucionaria. Y siempre me pareció una de las funciones más
importantes de mi vocación, la literatura, ser una forma de
resistencia al poder, una actividad desde la cual todos los poderes
podían ser permanentemente cuestionados, ya que la buena literatura
muestra las insuficiencias de la vida, la limitación de todo poder
para colmar las aspiraciones humanas.
Es esa desconfianza hacia el poder, además de mi alergia biológica a
cualquier forma de dictadura, lo que, a partir de los años sesenta,
me había hecho atractivo el pensamiento liberal, de un Raymond Aron,
un Popper y de un Hayek, de Friedman o de Nozik, empeñado en
defender al individuo contra el Estado, en descentralizar el poder
pulverizándolo en poderes particulares que se contrapesen unos a
otros y en transferir a la sociedad civil las responsabilidades
económicas, sociales e institucionales en vez de concentrarlas en la
cúpula”.
Es justamente de ese anhelo liberal del cual se aleja el PAN a pasos
agigantados, acaso porque le es impropio. Lo peor es que el PRI y el
PRD tampoco parecen dispuestos a impeler, desde el Congreso,
reformas que descentralicen el poder y democraticen su ejercicio.
Uno prefiere la doble moral; otros, el doble discurso.
gerardo.espacio4@gmail.com