Simple cambio de siglas
Fuente:
CNEE-sur.net
(29/09/09)
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Capitolio
Gerardo Hernández
México permanece entrampado.
El paso de la presidencia imperial —“metaconstitucional”, la llamó
el jurista Jorge Carpizo, uno de los secretarios de Gobernación de
Salinas de Gortari— a la presidencia constitucional ha sido dolorosa
y, para muchos, frustrante.
México permanece entrampado.
La recesión mundial, originada esta vez en los Estados Unidos,
ejerce efectos devastadores en el crecimiento —la caída del PIB
superará el siete por ciento este año—, el empleo y el bienestar de
millones de familias.
El problema de México, sin embargo, es más político que económico.
Pues de haber construido las tres principales fuerzas políticas
(PRI, PAN y PRD) acuerdos oportunos y de mayor calado en materia
educativa, fiscal, energética, laboral y de Estado, el país no sería
tan vulnerable ni reprobaría en casi todas las mediciones de la
OCDE.
Los españoles lo hicieron después de Franco y los chilenos tras la
dictadura, también de derecha, de Pinochet.
Mediante reformas estructurales y una mejor comprensión del mundo
moderno, igual avanzan —y nos rebasan por la izquierda, el centro y
la derecha— Brasil, Irlanda, Polonia y otros países del antiguo
bloque socialista de Europa central.
En la décima de sus propuestas de “cambio” posteriores a su informe,
el presidente Calderón planteó una reforma política de fondo “(para
que) entre todos revisemos las reglas y cambiemos lo que haya que
cambiar, para que la política deje de ser sinónimo de conflictos y
de parálisis y se convierta en un instrumento de cambio al servicio
de la sociedad, para que el sistema político genere verdadera
rendición de cuentas y acuerdos que permitan avanzar al país”.
Equiparar el mensaje presidencial con los Pactos de la Moncloa es
desmesurado por varias razones:
1) los acuerdos se firmaron casi al principio de la transición, en
1977, un par de años después de la muerte de Franco, 2) en nueve
años, la transición mexicana se ha limitado a un mero cambio de
siglas en Los Pinos.
Para la mayoría, entre el PRI y el PAN no existen mayores
diferencias, 3) España pactó en medio de una crisis económica menos
grave que la actual, y 4) en México los tabúes del nacionalismo
impiden abrir la inversión privada en Pemex.
Frente al agotamiento de las reservas petrolíferas, la caída de la
producción, el desplome de los precios y la competencia de los
biocombustibles, el dogma impera:
“Pemex pertenece a los mexicanos” y no debe caer en “manos
inescrupulosas”, como si en el presente y en el pasado no hubiera
estado en ellas.
Doctrina inmutable, aunque la paraestatal sea un barril sin fondo,
pierda miles de millones de pesos por robo de gasolina —la mayoría
de las veces impune por “no ser delito grave”— y su riqueza haya
servido históricamente para colmar las alforjas de directivos,
burócratas y líderes sindicales como Romero Deschamps.
Rogelio Montemayor fue inhabilitado veinte años de la administración
pública por transferir más de mil millones de pesos al sindicato de
Pemex, los cuales habrían sido triangulados después a la campaña
presidencial de Francisco Labastida.
Penalmente, el ex director de la petrolera fue exonerado.
Del panista Rosendo Villarreal escribiré mañana.
gerardo.espacio4@gmail.com